martes, 23 de agosto de 2011
Agosto
Mis primaveras palidecen
este agosto venidero.
Sé que te irás con aquel que es tu esposo.
Qué mi dolor no será la piedra de tu alma,
qué esos jilgueros no quedarán solitarios
en la bondad de unas páginas blancas.
Lloraré días, tardes, noches.
Lloraré la vida antes de la muerte.
Mi espada se arrodillará ante el orgullo
de ser su mujer, de ser su cama.
Qué mis lágrimas no enjuaguen el precio
de saberte acompañada con sus besos.
Me duele pensarte en sus brazos,
en sus labios sudorosos,
en sus caricias que duelen en el peldaño de mi inocencia.
Regresa con él si aún lo amas.
Deja que muera sin decirme nada.
Apiada mi melancolía con gotas de este agosto
que hizo de mi pensamiento, la nostalgia.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario